Por: Rafael Martínez
La política dominicana atraviesa el cierre de un ciclo y el comienzo de otro. Dirigentes como Leonel Fernández, Danilo Medina e Hipólito Mejía gobernaron en distintos momentos, dejaron su huella en la historia reciente y merecen reconocimiento por sus aportes. Pero el país cambió, el electorado también, y las demandas de hoy exigen respuestas distintas a las de ayer.
En ese contexto, el presidente Luis Abinader cierra su segundo y último período constitucional, y ha dejado claro que no buscará modificar la Constitución para permanecer en el poder. Esa actitud, poco frecuente en nuestra historia, favorece una transición institucional y ordenada, y abre la puerta a una nueva generación de liderazgo dentro del partido. No se trata de una ruptura, sino de una evolución.
En esa generación, David Collado ocupa un lugar destacado. Su gestión al frente de la Alcaldía del Distrito Nacional y su trabajo en el Ministerio de Turismo, donde la República Dominicana alcanzó cifras récord y un notable reconocimiento internacional, respaldan su capacidad gerencial. A esa trayectoria suma una proyección fuera del país y una comunicación cercana con los jóvenes y con la diáspora.
Su estilo privilegia los resultados sobre la confrontación, el diálogo sobre el ataque y el trabajo sobre el protagonismo.
Es, además, un perfil que conecta la continuidad de lo que ha funcionado con las expectativas de un electorado que pide renovación, transparencia y eficiencia.
El relevo generacional no es solo una conveniencia política, sino una necesidad natural de toda democracia que aspira a renovarse. Y en ese proceso, David Collado se presenta como una de las opciones más sólidas para encabezar el próximo capítulo del PRM y del país.
La historia reconoce a quienes sirvieron en su momento. El futuro pertenece a quienes se preparan para servirlo mejor.
